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Comentario a la "foto misteriosa"
En este concurso estamos habituados a enfrentarnos con fotografías que muestran aves en posturas o situaciones que añaden no pocas dificultades para la identificación. Para variar, en la presente la visión que obtenemos de las aves a determinar es casi envidiable, pero no por ello exenta de las mencionadas dificultades. La imagen muestra dos aves aparentemente iguales posadas en un Aliso (Alnus glutinosa) con un trasfondo de carrizos (Phragmites sp.), lo cual ya indica que nos hallamos en un ambiente acuático palustre. Las aves son claramente por su tamaño aparente, más bien pequeño, y sus proporciones, paseriformes.
Su pico fino relativamente largo nos indica que se trata de insectívoros, lo cual nos permite reducir el campo a motacillidos, muscicápidos, túrdidos y sílvidos descartando al resto de paseriformes. De estas cuatro familias podemos hacer una nueva criba si combinamos aspectos como el plumaje pardo y el carácter acuático: nos quedaríamos únicamente con el Ruiseñor común (poco acuático, pero no descartable por ahora) y sílvidos como el Ruiseñor bastardo, el Buitrón y las especies correspondientes a los géneros Locustella y Acrocephalus. Llegados a este punto nos fijaremos en el aspecto del plumaje. Las partes superiores pardas uniformes nos permiten descartar al Buitrón, a las buscarlas con excepción de la Buscarla unicolor y la Buscarla fluvial, y a los Carricerines. El Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos) quedaría descartado porque las aves de la fotografía muestran garganta y pechos muy pálidos y por no tener éstas colas con tonos pardo-anaranjados; también la forma de la cabeza, triangular por efecto de las plumas alzadas es del todo impropio de Luscinia. El Ruiseñor bastardo (Cettia cetti) queda así mismo descartado por el pecho y vientre blancuzcos (grisáceos en Cettia), la ausencia de una lista superciliar grisácea, una cola no tan larga y ancha en su extremo y una estructura y proporciones que denotan un ave más corpulenta. Además, la garganta pálida descarta a la Buscarla fluvial (Locustella fluviatilis), así como el pecho blancuzco, que también elimina a la Buscarla unicolor (Locustella luscinoides); para eliminar estas dos especies tendremos en cuenta también la forma de la cola, más recta en las aves de la foto.
Así pues llegamos a los Carriceros, donde se concentran ya las mayores dificultades. El color de las patas elimina ya a tres posibles candidatos como son el Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), Carricero egipcio (Acrocephalus stentoreus) y Carricero picogordo (Acrocephalus aedon), pues éstos las tienen negras (o casi) y nuestros protagonistas las muestran claras. La proyección de primarias, relativamente larga, y la falta de una marcada lista superciliar nos descarta también al Carricero agrícola (Acrocephalus agricola). El siguiente a descartar es el Carricero de Blyth (Acrocephalus dumetorum) para lo cual nos fijaremos en su mandíbula inferior (con punta oscura en dumetorum y completamente pálida en estas aves), el color de las partes superiores (más gris-oliváceo en dumetorum) y la lista superciliar (más marcada y prolongada detrás del ojo en dumetorum). Nos quedan el Carricero común (Acrocephalus scirpaceus) y el Carricero políglota (Acrocephalus palustris) y ya que no podemos oír su canto (la mejor garantía para su diferenciación), deberemos fijarnos en un conjunto de características que nos ayudarán a decantarnos. Los tonos más pardos de partes superiores, los tonos algo cálidos como en el obispillo, y no especialmente pálidos, las escamas terminales poco definidas de las primarias y el alula, que no destaca demasiado, nos llevan invariablemente al Carricero común (Acrocephalus scirpaceus). El hábitat, aunque no definitivo, también apunta hacia esta especie, ya que A.palustris prefiere lugares no tan marcadamente acuáticos. © Gorka Gorospe
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